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Historia del
Camino de Santiago
Urbano II fue el
primer Papa en reconocer la utilidad de peregrinar hasta la tumba de
Santiago, pero no fue hasta 1300 cuando el Papa Bonifacio VIII otorgó
la primera indulgencia plenaria por un jubileo. La Europa cristiana
medieval atesoraba tres grandes peregrinaciones; la de los romeros, que
visitaban roma; la de los palmeros, que viajaban a Tierra Santa; y la de
los peregrinos, en ruta hacia Santiago de Compostela. Los tres grandes peregrinajes
son a menudo ultimados por los mismos protagonistas.
Pero hay que
remontarse a unos siglos atrás, hacia el VII ô el VIII para ver
aparecer la idea de la importancia de la evangelización desarrollada
por Santiago. Cuando hacia el ano 830se localizan los restos de lo que
se suponía era la sepultura del apóstol, cierta forma de peregrinaje
empieza a tomar cuerpo. La oleada de peregrinos creció según se
desarrollaban los lugares de culto; la pequeña sepultura se fue
convirtiendo poco a poco en centro neurálgico de un centro
episcopal y comercial cada vez más activo.
El peregrinaje a
Santiago conoce su apogeo entre los años 1100 y 1400, con la bendición
papal. El Obispo Diego Gelmírez organizó un gran peregrinaje durante
la segunda mitad del siglo XII, para cuando Compostela había sido
recompensada ya con el rango de Arzobispado. Contemporáneo a todos
estos acontecimientos fue el comienzo de la escritura del Liber sancti
Jacobi; el Libro de Santiago, obra -también denominada Codex Calixtinus
-concluida hacia 1150 y en cuyo capitulo V se puede ya leer la Guía del
Peregrino que contiene las primeras rutas del Camino. Los
peregrinos son ya numerosísimos en el siglo XV, para cuando gran parte
de las iglesias y lugares de culto que salpimientan las rutas más
diversas ya han sido construidas.
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